La cocina en Marruecos
Detrás de la cocina marroquí se esconde toda una historia de mitos y leyendas que en ocasiones puede llegar a aturdir debido a las cartas indescifrables. A menudo cuesta entender las descripciones incomprensibles en inglés y francés, por lo que los visitantes acaban pidiendo lo conocido: cuscús y tajines. Descubrir las opciones gastronómicas ayudan a desvelar el misterio de la carta y explorar la riqueza culinaria del país.
Vale la pena arriesgarse, pues el paladar lo agradecerá. Las verduras no son peligrosas, ya que suelen estar hervidas o peladas y son una de las mejores especialidades de la cocina marroquí. Los entrantes especiados no suelen ser muy picantes o fuertes; pueden llevar un toque extra de azafrán o canela, pero poco más. El postre es una tentación a la que resulta difícil resistirse e incluye pastelitos de hojaldre con frutos secos aromatizados con agua de azahar.
Productos frescos
Lo normal es que los alimentos sean frescos, caseros o procedan de cultivos locales. No son productos de importación ni se sirven medio descongelados en el microondas.
Debido a su apariencia, aroma y sabor espléndidos, los productos del mercado desbancan los artículos del supermercado. Esto se debe a que los productos suelen recolectarse a mano cuando están maduros y se compran directamente a los agricultores en los zocos. Seguir a la legión de abuelas y ayudantes de chefs es una buena manera de saber cuáles son los carros y puestos donde se vende más fresco. Estos vegetales son los que deben buscarse en la carta y en el mercado en la época en que están más maduros:
Primavera: albaricoques, cerezas, fresas, kiwis, melocotones
Verano: sandías, alcachofas silvestres, tomates
Otoño: higos, granada, uvas
Invierno: naranjas, mandarinas, cebollas, remolachas, zanahorias, patatas y otros tubérculos
Todo el año: almendras, nueces, plátanos, calabazas, habas, judías verdes, lentejas, berenjenas, pimientos, limones (frescos y en conserva).
Agua potable
Es imprescindible cocinar, lavar o pelar bien los alimentos antes de comerlos, porque el estómago puede no estar acostumbrado a los microbios locales. El agua del grifo suele ser potable, aunque no es recomendable para un viaje corto porque el estómago tarda en adaptarse. Se debe recurrir al agua embotellada para beber y lavarse los dientes. Las mejores marcas son Sidi Ali y Oulmes, esta última con gas; el resto deja cierto gusto a tiza.
Consejos para comer en Marruecos
Si al viajero le encanta o detesta algún alimento, puede planificar el viaje a Marruecos en función de esta premisa. Marruecos ofrece un gran surtido de productos vegetales, carnes y pescados, pero varían en función de la temporada. La relativa falta de infraestructura de Marruecos y el cambio de moneda pueden ser una ventaja, pero también pueden complicar la importación de productos. Esto implica que si el visitante en otoño, disfrutará de higos frescos en lugar de kiwis, pero quizás esto no sea tan grave.
Al considerar las posibilidades gastronómicas, no debe pasarse por alto la geografía. Tal vez las ostras de Oualidia no estén frescas tras cruzar los puertos de montaña hasta Ouarzazate y cueste encontrar cerezas de Sefrou en Tiznit. Si los planes incluyen cenas a base de marisco, hay que dirigirse a las costas; a los vegetarianos que visiten las zonas desérticas les tienen que gustar los dátiles.

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